Las sillas y las mesas son del mismo proveedor, están numeradas por las dudas y rotas tambien. Las paredes estan manchadas y el aire huele a tinta de impresora y a calor de fotocopias.
Todo está impregnado con rumores intensionados y ordenes superiores incoherentes.
La euforia del sueldo ya paso y comenzamos a hacer malavares con las chirolas que quedan.
No estamos en 1956, pero creo que desde algún rincón, un joven Benedetti nos mira y sigue escribiendo.
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