Somos hijos de la sangre, de la tierra, de la música que suena en nuestros pasos que caminan buscando la libertad y el adiós de los colonos.
Latinos únicos, tercermundistas únicos, envidiosos y envidiados, pobres y pobres ricos, masticables productores.
Somos latinoamericanos condenados a sufrir en la victoria y y a esperar que la derrota o el después no se nos haga costumbre.
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