La música de los pájaros
refugiados al compás de la lluvia
nos cubre bajo las frazadas viejas
que muestran nuestros pies confundidos
en el atardecer oculto de un martes irrelevante.
Hay hojas aferradas al asfalto
y voces ligeras de cuerpos
que no se quieren mojar
víctimas del espejismo que no es
y bailarinas de las canciones que no cantamos.
Somos amantes consagrados
en las gotas de luz que Barcelona
nos regala en las calles del Barrio Gótico
mirando en los balcones
la ropa tendida y las putas por si acaso.
Despierta a lo lejos un reloj
el tiempo detenido no es tiempo
y los pasos en la arena mojada
pronto se irán con huellas de agua
que el mar nunca quiso dejar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario