Ayer pasó el carnaval. Fue noche de risas, de festejos, de colores y música para danzar.
En esta mañana de domingo donde la ausencia del barrendero también fue premonitoria; las calles saben a soledad y aúnconservan en los huecos de las alcantarillas el eco de alguna batucada o la serpentina de alguna comparsa que la semana que viene volverá a pasar.
Todo huele a soledad, menos los árboles en donde los pájaros siguen en su nido y algunos huyen espantados por el grito del diarero... que acaba de llegar.
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